lunes, 16 de julio de 2012

HISTORIA DEL MERCADO CENTRAL


 HISTORIA DEL MERCADO CENTRAL

El mercado surgió en la Valencia árabe, alrededor de la mezquita, en un

laberinto de calles y plazuelas cuya nomenclatura ha sido elocuente testimonio: la plaza de la Virgen se llamó de la Paja; la que ocupaba el solar donde se construyó el Aula Capitular, de las Gallinas; la del Arzobispo, de la Fruta; y otra inmediata, la de la Hierba. No obstante,dada la importancia agrícola y la densidad demográfica, parece ser que se mantenía también un mercadillo en el arrabal de la Boatella (extramuros),prolongación del barrio de la Alcaicería, que se caracterizaba por la ordenación del comercio especializado, auténtico cordón umbilical unido a la carnicería y matadero situados en la actual plaza Redonda, próxima a la plaza de Les Herbes, luego Peixcatería y, finalmente, Lope de Vega.

Por privilegio dado en Barcelona el año 1261 y confirmado en Gerona en 1264, Jaime I concedió mercado semanal con carácter de feria a la citada zona de la Boatella, sobre cuya mezquita se edificó la ermita de los Santos Juanes.

En esa misma demarcación -germen de la vida mercantil- Jaime I cedería otra mezquita a Fray Pedro Nolasco, miembro de su séquito, que fundó el convento de la Merced. De esta época, la del cambio de minaretes por campanarios, fue también el convento de las Magdalenas, conocido popularmente por “Les Malaenes”.

 

Este convento estaba limitado por las calles del Molino de Na Rovella, Calabazas y de las Magdalenas; perduró hasta 1838, cuando a causa de la desamortización el Ayuntamiento duda entre destinar el claustro gótico a pescadería y ampliar la plaza, o construir un nuevo edificio.

 

 

Por motivos económicos se consideró construir el Mercado Nuevo; mercado descubierto bajo pórticos exentos, desarrollados tras una fachada principal y adaptándose a los espacios irregulares ocasionados por el derribo.

Cabe resaltar que el carácter permanente del mercado data de tiempos de Pere el Ceremoniós, quien había ordenado a los Jurados de la Ciudad la edificación de unas nuevas murallas. En las antiguas, por no parecer suficientes las puertas de Tudela y de la Boatella, se abrió un boquete que comunicaba el casco antiguo con el mercado, originando posteriormente la calle del Trench.

 

El desenvolvimiento mercantil se consolidó; y a partir de 1344 comienza a funcionar la Lonja de los Mercaderes, compartiendo con el Tribunal del Consulado un edificio en la plaza del Collado, que luego se destinaría a Lonja del Aceite distribuyéndose los almacenes por toda la ciudad: - de trigo, en el Almudín- de aves, cacharrería y vidrio, en la plaza Redonda;- de arroz y frutos secos, en la Lonja;- de sal, en el Temple; de paja y algarrobas, en la plaza de la Encarnación;- de caballerías, en el Llano del Remedio;- de esparto, en la plaza de Mosén Sorell;- de tejidos y mantas, en las calles de Mantas y Bolsería;- y de pescado, en la calle del Trench;mientras que los habituales de alimentación se instalan en las plazas del Mercado,Congregación.

La fama del Mercado de Valencia transciende a Europa y aquí vienen a establecerse:

- los franceses -en la calle Dels Drets- que vendían tejidos, blondas, encajes y quincalla fina;

- en la de los Hierros de la Lonja los mercaderes suizos y alemanes, expendedores de quincalla barata;

- y en la de La Bolsería, genoveses y malteses, que monopolizaban el comercio de lienzos.

- La plaza del Mercado se convirtió en centro neurálgico de la vida ciudadana, que despertaba con el alba, cuando llegaban los carros de las huertanas bien repletos de hortalizas y frutas; y se levantan aquellos puestos de madera y lona limitados por capazos de esparto. Allí acudían los marinos genoveses y catalanes; las damas y sirvientas; caballeros y celestinas; ladronzuelos, ciegos que cantaban gozos de santos y horrorosos crímenes; frailes, soldados, estudiantes y todo aquel que deseaba participar del espectáculo.

 Espectáculos:

Era la plaza de las fiestas, de los pregones y de los ajusticiados. Como contrapunto del bullicio aparecía, a veces, el cortejo presidido por el verdugo -Morro de Vaques- y acompañando al reo iban los clérigos exhortadores y los cofrades de Nuestra Señora de los Inocentes y Desamparados. La Cofradía solicitó de la Justicia recoger el cadáver del condenado, que enterraba en el cementerio de la iglesia de los Santos Juanes y posteriormente junto al barranco de Carraixent, en un pequeño cementerio que todavía subsiste. Sin embargo, en ocasiones, el cuerpo del ajusticiado quedaba colgando en la horca durante horas y la gente rehuía la zona, aunque el humor negro se inspirase para sacar coplas y versos,como los que recogió Jaume Roig: «Ni mentjaria carn del mercat si hom penjat algú hi havia...».


Según las crónicas, la instalación de la horca es anterior a 1409. Orellana la describe de piedra picada y situada en medio del Mercad o, frente a la Lonja. En 1599 se derribó, ya que con motivo de los festejos celebrados en honor de las bodas de Felipe III y la Archiduquesa de Austria, allí se colocó un arcotriunfal. Después se construyó una nueva horca y en 1622 se demolió para el faustuoso recibimiento de Felipe IV. A partir de esa fecha la horca se alzaba únicamente cuando se ajusticiaba; y en ella fue ejecutado José Romeu y Parras, el Palleter, por haberse levantado en armas contra los franceses.

NUEVO MERCADO

La campaña desencadenada en la prensa criticando su situación y el auge de una sociedad claramente burguesa que aspira a la demostración de su bienestar contribuyen a que el Ayuntamiento tome la decisión de construir un gran mercado totalmente cubierto. Para tal efecto nombró a una comisión de estudio que examinara las propuestas recibidas.

Fue aceptada la de los arquitectos municipales Ferreres y Monforte; sin embargo, la corporación abrió un concurso de proyectos como base previa, en 1882.En la convocatoria de 1883 quedó desierto el primer concurso; y en el segundo fue premiado el proyecto de Luis Ferreres y Adolfo Morales de los Ríos, que no llegó a realizarse ante la demora que exigía la reforma interior del casco urbano.

El Ayuntamiento guarda  el proyecto, ya aprobado, de una magnífica fábrica a la moderna, de hierro y cristal para albergar a los vendedores; pero, entretanto, continúan estos acampados a la intemperie (lo cual no es en nuestro templado clima inconveniente tan grave como en otras partes), y se defienden del sol con

desiguales y desordenadas velas de lona, que contribuyen a dar a la concurrida y bulliciosa plaza aires de zoco morisco o de bazar oriental».

Siendo alcalde Justo Ibáñez Rizo, en 1910 se convoca un nuevo concurso, y de los seis proyectos presentados se elige el de los arquitectos Alejandro Soler March y Francisco Guardia Vial. Ambos se habían formado en la Escuela de Arquitectura de Barcelona y habían trabajado en el equipo de colaboradores de Luis Doménech Montaner, arquitecto que se caracterizó por un estilo propio dentro de las líneas del modernismo.

Los arquitectos Alejandro Soler March y Francisco Guardia Vial, a instancias de la Corporación modificaron el proyecto original y el Mercado se construyó de acuerdo con el fechado en noviembre de 1914, obra que terminaron los arquitectos Enrique Viedma y Ángel Romaní en el año 1928. Alfonso XIII protagonizó el acto protocolario con que se iniciaron los derribos. El 24 de octubre de1910, con una piqueta de plata dio varios golpes en el muro del número 24 de la plaza del Mercado. Al monarca le acompañaban la Reina Victoria Eugenia, el Presidente del Consejo de Ministros, don José Canalejas; el Ministro de Gracia y Justicia, don Trinitario Ruiz Valeriano; el Capitán General, el Arzobispo de la Diócesis, Gobernador Civil, Alcalde de la Ciudad, Presidentes de la Diputación y de la Audiencia, Gobernador Militar, Comandante de Marina, Rector de la Universidad, Cuerpo Consular, Ordenes Militares, Senadores, Diputados y diversos representantes de sociedades y corporaciones

Los derribos fueron lentos, se acumularon dificultades de toda índole y las obras parecían eternizarse.

El solar en el que se asentó el Mercado Central -más de ocho mil metros cuadrados de superficie abarcaba el del Mercado Nuevo, tres manzanas con 42 casas, calle de las Magdalenas, parte del Molino de Na Rovella y del Conde Casal. Por fin, dieciocho años después del golpe de la piqueta, el 23 de enero de 1928, se inauguraba el grandioso Mercado; y, como lo exigía el paternalismo de la época, en sus naves se dio una comida extraordinaria a más de dos mil pobres, servida por jóvenes de la élite social.

En numerosos barrios de Valencia, a principios de siglo, funcionaban ya mercados de relativa importancia como los de la Congregación, Mosén Sorell, Pilar, Serranos, Plaza de San Francisco, Ruzafa, Jerusalén, San Sebastián y Colón, pero la costumbre tradicional imponía una visita periódica al Mercado Nuevo; y la política municipal acentuó su carácter prioritario al construir el Mercado nunca mejor llamado- Central. La Corporación quiso distribuir las funciones ciudadanas según un esquema triangular: la Plaza de la Virgen como centro religioso; la Plaza de Emilio Castelar (hoy del Ayuntamiento) como enclave para los asuntos cívico-administrativos y financieros; y la Plaza del Mercado para el desenvolvimiento mercantil. Este se consiguió durante décadas; perduran todavía una serie de calles confluyentes, en las que platerías, pescaderías, tiendas de tejidos, confección coloniales se suceden manteniendo un aire antañón en los elementos decorativos.

Las cúpulas, de hierro, cristal y cerámica (la central alcanza los 30 metros) y las veletas que las coronan: la de la cotorra y la del pez, se integran a una panorámica paisajística de torreones y campanarios eminentemente valenciana.

La distribución del interior es racional y perfecta, de manera que los puestos se sitúan a lo largo de una serie de calles rectilíneas atravesadas por dos anchas vías. Se concibió para 959 puestos, formados en la zona general por tiendas altas cerradas para carnicería, tocinería, ultramarinos y quincalla; tiendas

bajas para venta de patatas, legumbres, verduras, frutas y gallina; tiendas altas abiertas para venta de pan, volatería, carne y caza, existiendo en la pescadería tiendas altas para venta de salazones y despojos, y tiendas bajas para pescado.

Los dos pabellones que flanquean el acceso principal están construídos enteramente en ladrillos visto,con aplicaciones de piedra y de cerámica decorada; mientras que el cuerpo anexionado de Tenencia deAlcaldía sigue la construcción de influencia novecentista y queda rematado por torretas coronadas por pequeñas cúpulas semiesféricas.

El hierro, el ladrillo, la piedra de Buñol, el mármol, azulejos y mosaicos fueron los materiales empleados en la construcción del Mercado Central, considerado como uno de los más bellos de Europa y máximo exponente para conocer la idiosincracia del valenciano.

Agrupa a casi 400 pequeños comerciantes, movilizando en la actividad diaria a 1.500 personas. Es el mayor centro de Europa dedicado a la especialidad de productos frescos; y el primer mercado del mundo que ha afrontado el reto de la informatización de las ventas y distribución a domicilio, desde el día 2 de octubre de 1996.

No hay autocar de turista que, aunque no pernocten en Valencia, si han de cruzar el término de la ciudad, dejen de visitar el Mercado Central. Conviene perderse por sus calles, admirar la policromía de las frutas, sentir el murmullo de las voces de la gente que habla y ríe; percibir los olores de la calabaza asada, de las naranjas, del apio y las alcachofas; de los hornos, de las hierbas y especias, a las que es tan dada nuestra cocina; especias que ya recibíamos de Oriente a través de la ruta que pasaba por Venecia y Nápoles en el siglo XV; y que Joanot Martorell ensalzó en "Tirant lo Blanch" al referirse al jengibre junto con la malvasía.

 

 

 



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